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Full text of "A cual más loco : juguete cómico en un acto y en prosa"

loo 



EL. TEATRO. 
COLECCIÓN DE OBRAS DRAMÁTICAS Y LÍRICAS. 



A CUAL 



MAS LOCO, 

JUGUETE CÓMICO 
EN UN ACTO Y EN PROSA, ; 



POK 



LUIS DE LARRA Y OSSORIO 



MADRID o 

FLORENCIO FISCOWICH, EDITOR, 

(Sucesor de Hijos de A. Gullon.) 
PEE, 40.— OFICINAS. POZAS.— 2-2.° 

1884. 

1 



AUMENTO A LA ADICIÓN DE 11 DE JUNIO DE 1883. 



TÍTULOS. 



COMEDIAS. 

ACTOS. 



AUTORES. 



Propieda 

que 
correspon 



Atmncio de venta 

Cambiar de genio 

Cambio de habitación 

Cortarse la coleta 

Contrastes matrimoniales 

Deuda de sangre 

En el portal de mi casa 

El cap d'Holofernes 

En la plaza de Bons ó un hora de 

cuarentena 

Els bans de les barraquetes 

El beneficio de las víctimas 

Escuela antigua 

La carrera de la Dona 

La catástrofe de Casamicciola 

La desconocida de san Jorge 

Las dos iniciales 

Matrimonios modelo 

Mi socio y yo 

Oros son triunfos 

Recuerdos de gloria 

Tres abelles de colmena. . . , 

Una tiple averiada 

Un barber de Carrero 

Un chuche munisipal. 

Un recalcitrante 

Venga de ahí 

El asistente Quiñones 

Elección de ayuntamiento 

De carne y hueso 

El otro 

¿Pérez ó López? 



Sres. J. Cuesta y Gay Todo 

D. Luis Suarez » 

G. Perrin » 

E. Segovia » 

Federico Olona » 

J. Yelazquez y Sánchez . . » 

Juan Maestre » 

Antonio Roig » 

Antonio Roig » 

Antonio Roig » 

N. N » 

Alfredo Lasala » 

Juan B. Busquete » 

Jaime Piquet » 

Vicente Cobos » 

N.N » 

R. Caruncho » 

N. N » 

N. N ... » 

R. Caruncho » 

Antonio Roig » 

Federico Olona ......... » 

Antonio Roig » 

Antonio Roig » 

Juan Marina » 

Juan Maestre » 

2 E. Zumel » 

2 Juan Utrilla » 

3 Vicente Colorado » 

3 Miguel Echegaray » 

3 Miguel Echegaray » 



ZARZUELAS. 



¡Á la Pradera! ¡Á la Pradera!. . 

Arte de Birlibirloque 

Cantar victoria 

Curriya 

Dos siglos en una hora, revista. 

Dos tunantes 

El número fatal 



Sres. Maestre y Arnedo L.yM 

Caballero y Reig L.yM 

Maestre L. 

M. Fernandez Caballero . M. 

Maestre y Arnedo L. y M 

N.N L. 

N. y Mangiagalli L.yM 



A CUAL MAS LOCO, 

JUGUETE CÓMICO 
EN UN ACTO Y EN PROSA, 

POR 

LUIS DE LARRA Y OSSORIO, 



Representado por primera vez en el Teatro de la ZARZUELA el 24 .1 
Enero de 1884. 



• *~-*~'©*^3g^-o-- 



MADRID.— 1884. 
IMPRENTA DE COSME RODRÍGUEZ, 

SOBRINO DE DON JOSÉ RODRÍGUEZ. 

Calvario, n.° 18. 



PERSONAJES. ACTORES. 



TEODORA Srta. Luna. 

BRÁULIA Sra. Vázquez. 

SEÑOR CAMUESO Sres. García. 

DOíN EMETERIO Moreno. 

JULIO González. 

Dos criados que no hablan. 



El pon Sarniento de esta obra es de una pieza francesa. 



Esta obra es propiedad de su autor, y nadie podrá, sin su permiso, 
reimprimirla ni representarla en España y sus posesiones de Ultiamar, 
ni en los países con quienes haya celebrados ó se celebren en adelante 
tratados internacionales de propiedad literaria. 

El autor se reserva el derecho de traducción. 

Los comisionados de la Galería Lírico-Dramática, titulada El Teatro, 
de DON FLORENCIO FISCOWICH, son los encargados exclusivamente de 
conceder ó neg-ar el permiso Ce representación y del cobro de los dere- 
chos de propiedad. 

Queda hecho el depósito que marca la ley. 



ACTO IMCO. 



Gabinete en casa del Sr Camueso: armarios con libros, instrumentos de 
cirugía, etc., etc. 



ESCENA PRIMERA. 

TEODORA y BBÁULIA, la primera sentada en una butaca, triste 
y pensativa: siguen una conversación. 

Braulia. No pierda usted la esperanza de verle: quién sabe 
todavía? 

Teod. No, Bráulia, no; es imposible; él ignora mi apellido. 
y por lo tanto no puede informarse de las señas de 
mi casa. Si supiera cómo me llamo, ya habría venido 
á verme; pues le hubieran guiado hasta aquí los 
anuncios que mi padre inserta diariamente en todos 
los periódicos de la provincia. 

Braulia. Y cómo no se informó de su apellido de usted? Eso 
me parece á mí muy raro. 

Teod. Pues no tiene nada de raro. Estábamos en Alicante 
tomando baños de mar. 

Braulia. Y de calor, porque cuidado si aprieta el sol en Ali- 
cante, 



669329 



Teod. Galla, muchacha. Yo iba siempre con las de Martínez. 
Como mi padre con la manía de sus librotes y de su 
casa de locos, y de sus descubrimientos científicos, 
no salía apenas, siempre tenía yo que ir con mis ami- 
gas. Las de Martínez eran íntimas de las de Fernan- 
dez, y éstas á su vez lo eran mucho de las de Gómez, 

Braülia. Y éstas, de quién eran amigas? 

Teod. De él. 

Braulia. De él? 

Teod. Sí, de Julio! 

Braulia. Ah! se llama Julio? 

Teod. Julio! ¡Qué bonito nombre ¿no es verdad? Pues un dia 
las de Gómez nos presentaron á un muchacho fino, 
atento, amable, y sobre todo muy guapo. 

Braulia. Eso es lo mejor; no le parece á usted que un hom- 
bre feo... 

Teod. No me interrumpas, mujer. Le vi y le amé; me vio, y 
creo que le sucedió lo mismo. 

Braulia. Qué cosas más raras suseden en Alicante! 

Teod. Todos los dias nos veíamos en... 

Braulia. Sí; en casa de las de Fernandez, Martínez y Gómez. 
Ya me lo ha contado usted. 

Teod. Ay; estás inaguantable. Un dia, dia fatal para mí, me 
anunció mi padre que en el tren de la tarde saldría- 
mos para Ciudad-Real: yo no pude avisarle y me vine 
sin despedirme de él. Ah! Julio; cuántas veces me 
habrás llamado ingrata, tal vez creerás que te he ol- 
vidado! 

Braulia. Pero usted uo sabe tampoco de qué pueblo es ese 
Julio, ni qué profesión tiene, ni dónde vive? Pues de 
qué hablaban ustedes en Alicante? 

Téop, De nuestro amor! ¿Te parece poco? Lo único que sé 
es que tiene hacienda en Tembleque, que es hombre 
de regular fortuna y que juraba amarme eternamente. 

Braulia. Ya eso es algo. De Tembleque á Ciudad-Real no hay 
más que un paso. ¿Por qué no le dice usted á su pa- 
dre que se informe? 



Teod. Mi padre no hace caso de nada más que de sus planes 
curativos, de sus experimentos médicos y de su casa 
de salud en proyecto! 

Brasilia-. Lo que inc parece sí. mí que hace su padre de usted es 

estar así... Un potlO.v. (Llevándose un dedoá la frente.) 

Teod. ¡Bráulia! 

Braulia. Pues claro: esa manía que le ha dado por decir que 
too el mundo está chiflao menos él, y que él vá á 
curar al mundo entero, y que con su secreto y unas... 
luchas, no hahrá ya locos en el mundo! 

Teod. ¿Y quién sabe si será verdad? 

Braulia. Yo lo que sé es que para él, nadie está en su cabal 
juicio. ¿No se empeñó hace dos meses en que yo es- 
taba loca, y no se alaba a todas horas de que me ha 
curado? 

Teod. Y te curó perfectamente. 

Braulia. Ya lo creo, como que no tenía náa. ¿Pero yo, qué per- 
día en hacerme la tonta. Me dobló el salario, no me 
dejó trabajar en dos meses, me daba él mismo de co- 
mer, y si no se hubiera empeñado en bautizarme to- 
dos los dias con una regadera, me sigo haciendo la 
loca toda la vida. 

Teod. Mira, Bráulia, mi padre es un señor algo raro; pero 
nada más. Ha sido médico de partido durante muchos 
años: compró con sus ahorros esta casita en Ciudad- 
Real, y trata de montar una casa de salud donde 
solo admitirá locos y monomaniacos. No piensa en 
otra cosa, y quién sabe si llegará á ser una cele- 
bridad! 

Braulia. Tanto se lo dice él mismo, y tanto bombo se dá en sus 
anuncios en los periódicos, que puede que encuentre 
algún tonto que se lo crea. Aquí está. 

Teod. Siempre abstraído en sus lecturas!... 

Braulia. Lo diciio, chiflao por completo. 



— 6 — 

ESCENA II. 

DICHAS y CAMUESO, leyendo un libro manuscrito. 

Cam. Este sistema es infalible; no hay más que tomar- un 

loco... 
Teod. Buenos días, papá!... 
Cam. Eh! quién!... Ah, sí... sí... buenos días. 
Teod. Ha descansado usted desde anoche?... 
Cam. (Leyendo.) ftNo hay más que tomar un loco...» 

BñAULIA. Pregunta la Señorita... (interrumpiéndole.) 

Cam. Cómo?... 

Braulia. Que si ha descansao usted... 

Cam. Sí... sí... «No hay más que tomar un loco...» Ah!... 
¿no se ha presentado nadie todavía? 

Braulia. No señor! 

Cam. Cuánto me choca: después de estarme gastando un 
dineral en anuncios, y siendo mi sistema el mejor de 
todos... ¿Qué el mejor?... El único cierto, seguro, ir- 
resistible. (Leyendo.) «No hay más que tomar un loco 
»y someterle, durante algún tiempo á un régimen 
«emoliente y dulcificante; después, y cuando se ob- 
»serva que está próximo el arrebato, el delirio ó el 
oataque... entonces, oh!... este es mi secreto, mi mé- 
»tódo, mi sistema infalible, del que ya tengo una 
»prueba. Braulia!... esta criada, cómo estaba cuando 
»yo la tomé!... monomaniaca completa: su locura con- 
»sistía en romper todos cuantos cacharros agarraban 
»sus manos, en sisar horriblemente en la compra y 
»en pasarse el dia durmiendo. Yo la até las manos y 
»no volvió á romper nada.» 

Braulia. (Luego me las desataba la señorita.) 

Cam. Yo la privé de la alimentación. 

Braulia. (Comía en casa del carnicero.) 

Cam. Yo la privé del sueño. 

Braulia. (Dormía en casa de mi primo!) (Con intención.) 






Cam. Y cuando la tuve domada, procedí á cartiloginotalgiar- 
la; palabra filosófica que encierra mi procedimiento 
para que nadie pueda entenderla y robármela. Gura 
prodigiosa; ya está sana y buena, aunque siempre ha 
quedado algo bestia. 

Braulia. Si creerá también que soy sorda. 

Cam. Yo me he empeñado en hacerme célebre: desde que 
me retiré de la práctica de la medicina, donde no tuve 
gran suerte que digamos; pues casi todos los enfer- 
mos se me morían sin saber cómo, me he hecho un 
sabio, un especialista, y con dos curas como esta, no 
dudo que me victorearán las gentes, y que los locos 
curados por mí, ceñirán á mis sienes coronas de mirto 
y de laurel. 

Braulia. Estará usté bonito coronao... 

Cam. Eh! cómo?... cómo? á ver... pues hombre, salga usted 
de aquí inmediatamente: me parece que tendré que 
administrarla unas duchitasl 

Braulia. (Rematado!) 

escena ui. 

CAMÜSO, TEODORA. 

Pausa: el Doctor se pasea leyendo; por fin se para delanto de su hija que 
estará sentada en una butaca y muy triste. 

Cam. «Los diferentes efectos de la locura son debidos á.,.» 
Teodora... Teodorita, ¿qué tienes, hija mia? 

Teod. Nada! 

Cam. ¿Qué te duele? 

Teod. Nada, papá!... déjame! 

Cam. ¿Sientes enfriamiento en el cerebro?... y vaguedad en 
las ideas?... ¿Quieres que te administre unas du- 
chas?... 

Teod. Si no tengo nada, papá; es que estoy muy triste! 



— 8 — 

Cam. Ahí vamos, pobrecita... no me acordaba, ¿conque es- 
tás triste; pues entonces no tienes más que leer dos 
ó tres capítulos de mi magnííica obra «Á la humani- 
dad doliente.» Obra admirable. 

Teod. Si ya me la ha hecho usted leer veinte veces, y... 

Cam. Cada dia te gusta más, ¿no es verdad?... toma, toma, 
hija mía... lee aquí... este parraíito. (Le da ei abro 

abierto.) 

Teod. Pero... 

Gam. Anda, tonta, no te detengas por la modestia filial. Si 

ya sé quo es ima gran obra. 
Teod. (Leyendo.) «La monomanía es la fijeza de una idea, la 

manifestación exclusiva de una pasión.» 

GAM. Eh! (Sonriéndose.) 

Teod. «Su sitio está en el corazón y puede tener por causa 
la vanidad, la ambición, los remordimientos, el amor.» 

Cam. Eh! qué manera de escribir! qué estilo! Elegante, con- 
ciso y breve á la vez. Á mi lado, Mata es un zascan- 
dil y Ezqucrdo un desdichado! (con orgullo.) 

TEOD. El amor! (Pensativa.) 

Cam. El amor, esa es tu monomanía... incipiente hoy. Sin 
embargo, hija mia, procura no volverte loca del todo. 
Mi sistema es magnífico; pero no quisiera nunca em- 
plearle en las personas á quienes quiero. 

Teod. Por qué?... ¿puos no es tan bueno? 

Gam. Ahí verás, hija mia... misterios de laciencia... tengo 
mis razones! ¡Pobrecita! la haría mucho daño! 

Teod. Y dices que mi monomanía es por amor? 

Cam. Sí, hija: aquella historia que me contaste... aquef jo- 
ven... todo eso influye en tu ánimo, y me parece te 
produce la tristeza. 

Teod. OW papá, cuánto talento tienes! 

G\m. Ya lo sé, hija mia, ya lo sé... nunca he procurado 
ocultarlo! 

Teod. Y la monomanía del amor, cómo se cura? 

Gam. Casándose, hija mia. Recibir la bendición y acabarse 
el amor es una misma cosa! 



— 9 — 

Teod. Yo quiero ser una excepción de esa regla; pero para 
serlo necesito casarme, y para casarme es preciso que* 
Julio se presente! 

Cam. Aún no has sabido nada de ese joven? 

Teod. No, nada; y voy perdiendo la esperanza; un mes... un 
mes de esperar, cuando me juró mil veces que no po- 
dría vivir sin verme un solo dia. 

Cam. Pues si no podía vivir uno sólo sin verte, se habrá 
muerto hace veintinueve! 

Teoi>. Dr> todo tienen la culpa las de Martínez, si no me les 
hubieran presentado... y si tú quisieras escribir á 
Tembleque informándote. 

Cam. Yo no tengo tiempo para esas pequeneces. Además, no 
es decoroso para un padre averiguar el paradero de un 
joven desconocido. 

Teod. Pero si no es desconocido; si yo le conozco. 

Cam. En fin, hija mia, ten calma y espera. ¿Quién sabe lo 
que puede suceder? Yo voy á ver á un amigo. Si vi- 
niese alguien durante mi ausencia, que no se mar- 
che; vuelvo en seguida. 

Teod. Hasta luego; ay, Julio, Julio! (Ponsativa: se vá.) 

Cam. Si se irá á volver loca? no mé haría gracia maldita. 

(Váse.) 

ESCENA IV. 

BRÁULIA: luego D. EMETERIO y JULIO. 

Maulla. (Saliendo ) Ya se vá, no he visto un señor más raro en 
todos los dias de mi vida. So conoce que de andar 
toda su vida con locos, se le han barajado los sesos! 
¿Pues no dice, que yo soy una animal? Sólo estando 
loco, ó no habiéndome visto bien, se pueden decir 
esas cosas! No, pues si sigue así, pronto me finjo otra 
vez loca de remate y le doy un puñetazo que le re- 
viento! Eh! qué ruido es ese? traerán algún loco! 

Veamos! (Entra D. Eraeterio conduciendo á Julio á tirones y 



_ 10 — 

empujones. Este último trae las manos atadas á la espaida. Al 
entrar se las desata D. Emetorio y cierra la puerta.) 

Julio. (Dentro y furioso.) Esto es una infamia, yo me vengaré! 

Emet. Adentro, adentro! 

Julio. Pero tío... (Entrando.) Esto es un abuso! 

Emet. Abuso? cuando lo hago precisamente por tu bien! 

Julio. Desáteme usted!... 

Emet. Ya voy! Colma! calma: ajajá... ya estás libre! (Se 

desata.) 

Julio. Me quiere usted explicar, qué significa esto? 

Emet. Espérate un momento. El señor de Camueso, está?... 

(Á Bráulia.) 

Braulia. Ha salido hace un momento, pero no tardará en 

volver. 
Emet. Por vida de el mundo! No importa, le esperaremos. 
Julio. Pero me quiere usted explicar.., 
Emet. Calla, ó te ato otra vez. 
Braulia. (Este caballero está loco?... (Á Emeterio, llevándose un 

dedo á la sien.) 

Emet. No loco del todo, pero monomaniaco perdido. 

JULIO. (De repente.) Ah! 

Emet. Qué?... 

JULIO. ¿La ha visto USted? (Á Bráulia con interés.) 

Braulia. Á quién? 

Emet. (Ya empieza!) 

Julio. ¿Usted no la conoce?... 

Emet. (Ya le dá, ya le dá!) 

Braulia. ¿Á quién? 

Julio. Á ella! 

Emet. (Ves? esa es su manía.) (Á Bráulia.) 

Braulia. (Pobre joven.) 

Julio. Ya no hay esperanza! (se deja caer en un sofá.) 

Emet. (Lo mejor será atarle otra vez.) (va por detrás del sofá, Ju- 
lio se vuelve rápidamente y Emeterio esconde las cuerdas y hace 
cualquier cosa para disimular: Bráulia ve todo este juego y dice.) 

Braulia. (¡Qué gestos! qué miradas! Cuál será el loco de los 

dos?) (Se vá.) 



— 41 — 



ESCENA V. 

D. EMETERIO y JULIO. 

JULIO. (Levantándose y paseándose rápidamente.) Lo qilí USted ha 

hecho conmigo es una infamia! Vamos á ver... ¿por 
qué me lia atado usted las manos? por qué me trae 
usted por fuerza desde nuestra casa de Tembleque á 
Ciudad-Real, y por qué me ha dicho usted sin cesar 
en el tren, que me trae á ver á un médico! Esto es lo 
qué quiero que usted me explique, ó de lo contrario... 

Emet. Cálmate, hombre; cálmate. En primer lugar, te he 
atado las manos para que no pudieras oponerme re- 
sistencia! Te he traido en el tren porque no había- 
mos de venir á pié, y finalmente, te traigo á casa de 
un médico, para que te cure, porque estás loco! 

Julio. Loco yo? pero tio... 

Emet. Sí, querido sobrino; se te barajan las ideas, pierdes la 
memoria, y desvarías de un modo atroz!... 

Julio. ¡Que pierdo la memoria! Quiere usted que le diga lo 
que he hecho este verano?... 

Emet. Este verano? Gracias que recuerdes lo que has hecho 
esta mañana! 

Julio. Esta mañana? Escuche usted. Ha entrado usted en mi 
cuarto á las diez, me ha hecho usted vestirme, yo no 
quería, y entre usted y mi criado, á quien arrojaré de 
casa en cuanto llegue, me han atado las manos, he- 
mos bajado la escalera, hemos Uegado'á la estación... 

Emet. ~Ya se te olvida lo principal! Ves? Al salir, que le has 
preguntado al sacristán en la plaza. 

Julio. ¡Ah! sí, es verdad! (De pronto.) !¿La ha visto usted?... 
pero inútil, todo inútil, nadie la ha visto! 

Emet. Ves, querido sobrino! Esa es tu locura! 

Julio. Y llama usted locura á adorar á una mujor, perderla 
y buscarla por todas partes? Los locos, los imbéciles, 
son los que no me comprenden. 



— 12 — 

Emet. Puede: pero mientras tanto, tú te quedarás en casa de 
esté señor, que según dicen los anuncios, es un gran- 
de hombre, hasta que me asegure tu curación. 

Julio. Oh! qué desgracia!... (Se arroja en un sofá.) Un dia fui á 
verla como siempre y había desaparecido. La esperé 
ocho dias en la plaza, inútilmente; recorrí todas las 
fondas y casas de huéspedes de Alicante, revolví Al- 
bacete, pasé tres noches al sereno en la estación de 
Alcázar al lado del tio que vende Navajítasy puñales, 
registré los trenes para ver si en alguno de ellos iba el 
ángel á quien adoro, y nada, siempre nada. Enfermo, 
pálido y desaminado, me volví á Tembleque, donde 
no hay ni un ser que me comprenda, ni un ángel que 
me dé noticias de su paradero. ¡Esto es para volver- 
se loco. 

Emet. Pues por eso te has vuelto, sobrino, y por eso al leer 
un anuncio que empieza ak la humanidad doliente,)) 
como los del Doctor Garrido dicen «Á los desahucia- 
dos,)) y en el que promete el señor Camueso curar 
todas las alienaciones mentales por un método nuevo 
y seguro; no he vacilado en traerte á Ciudad-Real á 
casa de ese sabio, y en pagar cuanto me pida (se sienta 
y poco á poco se vá durmiendo.) por tu curación: además, 
aquí lo pasarás perfectamente: los prospectos dicen 
que en esta nueva casa de salud, en la que se trata á 
los enfermos con todo género de atenciones, hay ca- 
labozos, loqueros con garrotes, camisas de fuerza, etc. 
Ya ves qué locuras podrán resistir á tales medios de 
curación! pero no me escuchas! ,Aaa! (Bostezando.) Ju- 
lio, Julito?... se ha dormido! Estoes maravilloso... 
hace un mes que no duerme, y en cuanto le traigo á 
este manicomio se queda dormido! Oh! influencia de 
la medicina! Qué cosas más raras suceden en el mun- 
do! Duerme, querido sobrino, duerme! En cuanto ven- 
ga el Doctor te confiaré á sus cuidados. Aaa! (Bostezan- 
do.) Le daré diez mil reales sobre tus rentas! tienes 
setenta mil, todavía me quedan á mí tres mil duros 



— lo - 

para esperar que tú cures, si es que curas. ¡Aaa! 
(Bostezando.) Y te cures ó uo, mientras estés enfermo 
yo administraré tu fortuna como un buen tio! 

Julio. (Ah! tunante!) 

Emet. (Casi dormido.) Yo le diré al Doctor que se tome todo 
el tiempo que quiera, y mientras... no lo pasaré del 
todo mal... tres... mil... duros... qué gran... idea! 

Aaa! (So duerme.) 

Juno. (Pausa.) ¿Qué hace? ya no habla; se habrá dormido? 
veamos. Tio!... (Muy bajo.) tío!... chis... chis... nada.*, 
achun! (Estornudando.) como un leño! Es natural, no te 
dejo dormir según dice hace unas cuantas noches!... 
(Se levanta.) Conque usted quiere disfrutar mi fortuna, 
y valido de un protesto piensa usted encerrarme en 
una casa de locos? Ahora es la mía. Usted me ató las 
manos para que me creyeran demento, yo haré lo 

mismo. (Coge las cuerdas y le ata las manos con precaución.) 

Así me las pagarás... cuidado, no se despierte... bien, 
ya está! Menudo chasco vá á ser el suyo! ¿quién? 

ESCENA VL 

DICHOS y CAMUESO. 

Cam. Servidor... ruego á usted tenga la bondad de dispen- 
sarme el... 

Julio. Chis!... 

Cam. ¿Qué ocurre? 

Julio. Más bajo! 

Cam. Pero... 

Julio. Está durmiendo. 

Cam. ¿Quién? 

Julio. El loco! 

Cam. Un loco? ¡Oh, fortuna, ya me han traído uno! Ah! ex- 
plíqueme usted! 

Julio Doctor Camueso, este caballero es mi tio y yo vengo á 
confiarlo á sus cuidados. Es un hombre de cuarenta 



- 44 - 

á cincuenta anos... fuerte... robusto, pero... 

Gam. Ha perdido la razón por completo! 

Julio. No señor, no desvaría más que sobre un punto. Yo soy 
más rico que él, y codicia mi fortuna por esta razón. 
Le ha dado la manía por decir que estoy loco, y se lo 
cuenta á todo el mundo; á usted mismo se lo con- 
tará! 

Gam. Permítame usted que lo despierte! 

Julio. Pero con precaución, aunque está atado! pudiera... 

Gam. Ah! no hay cuidado. Aquí de mi preciosa fobra. 
«Guando el demente se entrega al sueño y se le quie- 
re privar de él, no hay más que introducirle una plu- 
ma de ganso en las fosas nasales; por este nuevo y 
sencillo método siempre se despierta.» Verá usted, 

verá USted. (Coge una pluma y lo hace.) 

Emet. (Desportando.) No me hagas cosquillas! 

Gam. Caballero!... caballero!... 

Emet. Eh!... 

Gam, Se... ha... dormido... bien?... (con precaución.) 

Emet. Cómo?... 

Gam. Que si... 

Emet. Qué es esto? ah! ya recuerdo; me he quedado dormi- 
do. ¿Qué es esto? Usted'perdone... pero calle, si estoy 
atado! ah! sobrino, esto es una bromita tuya!... 

Cam. Vamos, ¿se ha dormido bien?... 

Emet. Pero caballero?... 

Julio. Nada, tio, no tenga usted miedo; este caballero es el 
señor Camueso... confiéselo usted todo!... 

Emet. ¡Ah! usted es el médico?... pues tenga usted la ama- 
bilidad do desatarme y yo le explicaré... 

Gam. ¿Que le desate?... veamos antes. (Se acerca, le levanta 
el párpado y observa.) Bien; calma completa! se le puede 
desatar! por ahora no hay peligro! ya está! pero cui- 
dadito con abusar de mi condescendencia! 

Emet. Qué es lo que está usted diciendo?... Yo le traía á us- 
ted á mi sobrino! .. 

Gam. Bien, bien, de eso ya hablaremos. 



_ 45 — 

Emet. No señor; ha do sor ahora mismo! (So vá incomodando. ) 

Julio. (Dentro de cinco minutos estará furioso.) (ai Doctor.) 

Emeí. Mi sobrino está... 

Cam. Sí, ya sé que está loco. 

Emet. Do atar, si señor!... Y la prueba es que le he traído 

con las manos atadas! 
Cam. Tiene gracia! El pobrecillo lo trastorna todo! 
Julio. (Ya irá usted viendo; dice muchos disparates.) 
Cam. Pero v no recuerda usted que el de las manos atadas era 

usted y no él, y que yo se las he desatado?... 
Emet. (Furioso.) En efecto, yo tenía las manos atadas; perú 

eso no implica para que sea él el loco! 

CAM. Ya... SÍ... SÍ... es indudable! (Dándole la razón.) 

Emet. Parece que lo duda usted... esa sonrisa... 

Cam. De ninguna manera!... no faltaba más!... 

Emet. Aíirnio á usted que mientras yo dormía, mi sobrino 
me ha atado las manos!... 

Julio. (Ve usted... ve usted... pobrecillo!) (ai Doctor.) 

Emet. Ah! una idea, su criada de usted nos ha visto entrar; 
que diga ella quién venía atado! que lo diga! mucha- 
cha! criada! 

Cam. (Le daremos gusto, porque si no... Usted cree que no 
importará llamar á la criada!) 

Julio. (No, no importa nada, pero esté usted preparado por 
si acaso...) 

Cam. (Muerde?) 

Julío. (De cuando en cuando.) 

Cam. (Oh! qué gran cura se prepara!) 

Emet. Pero llama usted ó no á su criada? 

Cam. Voy á complacer á usted. Bráulia! Bráulia! 

BBAULU. Voy!... (Dentro.) 

Emet. (Y en cuanto á tí, ya te arreglaré yo, sobrino infame!) 
Julio. (Ya le dá, ya le dá!) (ai Doctor.) 
Bráulia. (Entrando.) Llamaba usted, señorito!... 
Cam. Sí! acércate! 

EMET. (De repente.) Cuál eS el loCO?... 

Bráulia. Toma, y yo qué sé. 



— 16 — 

Gam. Cuál ha venido con las manos atadas? 

Braulia. Pues miste, que no macuerdo! 

Emet. Eres una imbécil! 

Cam. (á Julio.) No se fie usted mucho do ésta, porque aun- 
que ya está bien, ha estado también loco. 

Julio. Coracoles! (Dando un salto.) 

Emet. De modo que no recuerdas que era mi sobrino el... 

Braulia. Como soy una... imbécil, no me acuerdo de nada... 
Pero usted es el que hacía más tonterías. 

Emet. Cómo, insolente!... 

Cam. Retírate, muchacha! Ya está usted satisfecho. 

Emet. Y bien, Doctor... 

Cam. Nada, que tiene usted razón, que su sobrino está loco, 
pero que usted es el que se queda en mi casa! 

Emet. Pero esto es para desesperar á cualquiera. Yo no estoy 
loco; yo estoy más sano que usted, y si no púlseme 
usted ó sométame á toda ciase de pruebas. (Furioso.) 

Julio. (Lo vé usted? Ya se pone furioso! Obsérvelo usted con 
detención!) 

Gam. (Ya veo, ya! Los ojos están inyectados en sa ngre, los 
labios se mueven con irregularidad!... Puede usted 
retirarse y volver cuando guste!) (Á Julio.) 

Julio. Conque, querido tio, aquí se queda usted en compa- 
ñía del señor; él es muy amable y muy cariñoso para 
con sus enfermos, y aquí no lo pasará usted del todo 
mal! 

Emet. Esto es demasiado! Tú te figuras que voy á consen- 
tir... (Furioso.) 

Gam. Vamos! cálmese usted, amigo mió!... 

Julio. Yo tendré el gusto de volver á verle todas las se- 
manas! 

Emet. No, tú no te vas! Señor Naranjo... yo le juro á usted 
que él es el loco; que usted se equivoca. No le deje 
usted marchar! 

Julio. Vamos, tio, un poquito de calma! 

Emet. Vete al diablo! 

Julio. Servidor de usted, y hasta la vista. 



— 17 — 
Cam. Vaya usted con Dios y no tenga cuidado, que yo... 

(Acompañándole hasta la puerta.) 

Emet. Julio! Julio! 

JüLIO. (Volviendo de repente.) Ah! 

Emet. Qué es" eso? 

Julio. ¿La ha visto usted? (ai Doctor.) 

Emet. Oh! ya me salvé, ya me salvé; ya le dá su manía. 

Cam. (Asustado.) Que... si la he visto? ¿á quién? 

Julio. (Con vehemencia.) Á ella! á ella!... 

Emet. Lo vé usted, Doctor?... ¿Cuál es aquí el loco? 

Cam. Peí o y quién es ella? 

Julio. La mujer más encantadora de la tierra! ¿Usted no la 

ha visto? ¿Usted no sabe cómo se llama? 
Emet. Y no saldrá de ahí... porque esa es su manía!... 
Cam. (Me vá poniendo en cuidado el niño este. ¿Cuál será el 

loco!) 
Julio. Ella... Teodora!... 

Cam. (Teodora... cómo mi hija!...) Teodora qué?... 
Julh. Pues si supiera su apellido, ya me habría presentado 

á ella: ya la habría buscado!... 

EMET. (Ve USted, Doctor... pobre ehico!...) (El Doctor mira al- 
ternativamente, cuatro ó cinco veces á cada uuo y por fin coge 
las cuerdas y se coloca en medio, pero retirado.) 

Julio. Un dia... estáhamos en Alicante... y ella desapa- 
reció... 

Cam. ¿En Alicante?... 

Julio. Sí, se fué con su padre; un señor muy bruto, á quien 
no conozco. 

Emet. (Ya irá usted viendo!) 

Julio. Ah! las de Martínez! Esas, esas tienen la culpa! 

Cam. Las de Martínez! Ah! qué idea! Usted se llama Julio, 
por casualidad. 

Julio. Por casualidad, no señor! porque me lo pusieron en la 
pila. Julio Ferrer, para servir á usted. 

Cam. Qué felicidad? Abráceme usted, joven! 

Emet. Cómo!... 

Julio. Qué quiere decir!..". 



— 18 — 
Cam. Que esa Teodora, es mi hija!... 

JüLlO y EMET. Su hija! (Asustados.) 

Emet. Su hija! y cómo... 

Cam. Cómo? Como son todos los hijos!... 

Julio. Será verdad!... 

Cam. Si, señor... 

Emet. ¿Usted tiene una hija que se llama Teodora? Ah! de- 
monio: ya adivino, usted no es el médico, usted es un 
loco pensionista de la casa!... ¿Cómo le han dejado á 
usted libre?... 

Cam. Caballero: si usted no está más tranquilo, tendré que 
administrarle unas duchitas! 

Julio. Señor, yo adoro á su hija de usted: ignoraba su apelli- 
do, la he buscado inútilmente por todas partes; pero 
la quiero con toda mi alma y tengo el honor de pedir- 
le á usted su mano! 

Cam. Ella también le esperaba á usted con impaciencia* así, 
pues, no tengo inconveniente en concedérsela á usted. 

Emet. Pero Doctor, ¿va usted á casar á su hija con un de- 
mente?... 

Cam. Quiere usted callarse y dejarnos en paz! 

Emet. (Lo dicho, es un loco escapado!) 

Cam. Ahora verá usted! Teodora, Teodora! 

Emet. Que salga, que salga! á que no sale!... 

Teod. (Saliendo.) ¿Qué quieres, papá!... 

EMET. Eli!... (Asustándose al verla salir.) 
JULIO. Ah! (Con alegría.) 

Teod. Él... (id.) 

ESCENA VII. 

DICHOS y TEODORA. 

Te^d. Oh! al fin!... 

Cam. Ya tienes cumplidos tus deseos!... 

Julio. Oh! Teodora! cuánto he sufrido por no encontrar á 

usted!... 
Emet. (Doctor... doctor... pero piensa usted seguir mucho 

tiempo esta broma?...) 



— 49 — 

Cam. (Cuál?) 

Emet. (Esa es su hija?...) 

Cam. (Sí...) 

Emet. (Y los vá usted á casar?) 

Cam. (Yo no, el cura!...) 

Emet. Pero si yo me opongo! 

TEOD. Qué feliz SOy!... (No han dejado de hablar Teodora y Julio.) 

Cam. Ya le he dicho á usted, que si no se calla, me veré 
obligado á maniatarle! 

Julio. Tío! cuánto te quiero ya ! . . . 

Emet. Yo no soy tu tío, ni lo he sido nunca!... 

Teod. ¿Pero qué sucede?... 

Cam. (Cállate, hija mia: esta va á ser una cura que me hará 
célebre!) 

Teod. (Ah! pero este caballero?...) 

Cam. (Sí, hija mia, de remate!) 

Teod. Ah! y ahora me acuerdo que yo estaba con visita. 
Ahí están las de Martínez! Ahora sí que me son sim- 
páticas. Quiere usted venir á verlas?... 

Julio. Con mucho gusto! 

Cam. Sí, sí... vayan ustedes, así podré examinar atenta- 
mente á este desgraciado. Voy al momento! 

Teod. Hasta luego, papá! 

JULIO. AdíOS, tío!... (Se van. El Doctor toca un timbre, aparece un 
criado, le habla en secreto y se vá.) 

ESCENA VIII. 

EL DOCTOR y D. EMETERIO. 
Cam. Ea: ya estamos solos, gracias á Dios! (Cerrando las 

puertas.) 

Emet. Pero, por qué cierra usted las puertas? ¿cuáles son sus 

intenciones?... 
Cam. (No le asustemos!) Ninguna, amigo mió, ninguna! 
Emet. Pues hablemos de mi sobrino! Yo se lo traigo á usted 

porque está loco, y usted le quiere casar con su hija?... 
Cam. Pues ahí verá usted! 



Emet. Esto es un engaño; y usted no lo anuncia en los pros- 
pectos! 
Cam. Chis... Desabróchese usted el chaleco!... 
Emet. Pero... 

CAM. Yo SO lo ruego!... (Emeterio se desabrocha: el Doctor le da 

unos goipecítos.) Bien! por aquí no hay nada!... 
Emet. Me quiere usted explicar?... 

CAM. Chis... Veamos la Cabeza!... (La coge entre las dos manos. 

y escucha.) 

Emet. Que me ahoga usted!... 

Cam. Está hueca. 

Emet. Doctor, esto ya no lo aguanto! 

Cam. Cálmase usted!... 

Emet. Qué me calme? cuando estoy furioso. Ya lo he adivi- 
nado. Usted es un médico de locos, y como no tiene 
enfermos que curar, quiere volverme loco á mí. Ah! 
pero no lo conseguirá usted, yo se lo aseguro! Re- 
nuncie usted á su tentativa, y le pagaré como si me 
hubiera curado! 

Cam. Todos mis enfermos me dicen lo mismo; pero yo no 
cedo! 

Emet. Acaso pretende usted retenerme por fuerza! Condúz- 
came usted donde está mi sobrino. Déjeme usted mar- 
char!... 

Cam. Si yo no le detengo á usted! 

Emet. Eso es otra cosa. Voy á buscar al juez de paz y él ar- 
reglará el asunto. Adiós, Doctor; el recuerdo que lle- 
vo de usted no es muy agradable que digamos; pero 
por lo mismo le conservaré mientras viva! Ah! cerra- 
da, (La puerta del foio.) esta otra!... también... Doctor, 

¿qué Significa esto?... (Furioso.) 

Cam. (El extravío está en su apogeo; este es el momento de 

emplear mi gran sistema!) 
Emet. Doctor, ábrame usted!... 
Cam. Pero si es per su bien! (¿Cómo sorprenderle?) Amigo 

mío!... (Queriendo abrazarle.) 

Emet. No me toque usted. 



— u — 

Cam. (Nada, no he podido!) Hagamos las paces primero. 

Abráceme USted!... (Queriendo abrazarle.) 

Emet. Estoy furioso; no me toque usted!... 

Cam. (Qué acceso más sublime; qué cura, Dios mió, qué 

cura...) 
Emet. (Fuera do sí.) Si no me abro usted la puerta, le tiro por 

la Ventana. (Sacudiéndole bruscamente.) 

Cam. Todo esto lo pondré en la cuenta! (¡viiontras Emoterio abro 

la ventana; el Doctor lo coge por detrás y le muerdo en el pes- 
cuezo.) 

Emet. Ay! 

Cam. (Muy contento.) Ya le he mordido, ya le he mordido! 

EMET. (Queriendo cogerle.) Yo le ahogo! 

CAM. Juan, Juan, abre!... (Huyendo de D. Emoterio hasta que abren 

la puerta y aparecen dos criados que sujetan y atan á Emeterio. 

Él hace esfuerzos por soltarse. ) 

Emet. En! qué es esto, favor! socorro! 

Cam. Á la ducha!... á la ducha!... 

Emet. No quiero; Doctor, que me suelten! 

Cam. Vamos pronto! oh! qué gran cura; aquí de mi gran 

obra! (Ya se lo han llovado. El Doctor sale corriendo detrás y 

gritando.) Á la ducha, á la ducha, me haré célebre, me 

haré Célebre. (Sale corriendo.) 

ESCENA IX. 

Pausa: salen por la izquierda JULIO, TEODORA y BRÁULIA. 

Braulia. Qué gritos eran esos! no sería ná; lo vé usté, lo vé 
usté como por fin ha paesío; si ya se lo desía yo á us- 
té; si los hombres no se pierden nunca, mas que 
cuando quieren. 

Julio. La casualidad; sólo á ella y á la manía de mi tio de 
figurarse que estoy loco, debo la dicha de haberle 
vuelto á encontrar. Ya le quiero doble!... 

Teod. Pobre señor; ¿conque está demente? 

Julio. Cá, no lo creas; eso ha sido un recurso mió para no 



— 22 — 

pasar por loco á los ojos de tu padre! 

Teod. Ah! de modo... 

Julio. Qué era una broma!... 

Braulia. Y el señor que le habrá tomado por loco: pobre hom- 
bre; le compadesco: ya le habrá pegao un bocao y le 
habrá dao una lucha de esas. Aquí viene su papá de 
usted! 

ESCENA X. 

DICHOS y CAMUESO 

Cam. (Muy contento.) Admirable: admirable: qué gran cura; 
qué reacción: qué accesos más sublimes!.. 

Julio. Ymitio?... 

Cam. En la ducha. 

Julio y Teod. Cómo? 

Braulia. Eh! no lo dije; ya lo ha puesto hecho una sopa! 

Julio. Eso es en serio? 

Cam. Naturalmente! 

Julio. Pero qué ha hecho usted? 

Cam. Curarle! 

Julio. Pero si mi tio estaba tan en su sano juicio como no- 
sotros! 

Cam. Joven... La ciencia no so engaña nunca, y menos la 
la mia. Si lo sabré yo que le he estado observando.- 
Además, usted mismo me lo dijo. 

Juno. ¿Y sabía yo lo que decia? Yo no pensaba más que en 
su hija de usted á quien adoro! Pobre tio! estará fu- 
rioso! 

Cam. Ya lo creo! feroz! 

Braulia. Naturalmente: después do arrancarle medio pescuezo, 
echarle una manga de agua fria! Aquí viene!... (sale 

D. Emeterio.) 

Teod. Qué cara, Dios mío! 

Braulia. Y qué facha!... 

Cam. Callen ustedes: que está en el período de la reacción!... 



-- 23 — 
Braulia. No está mala la redacción.] 

ESCENA XI. 

DICHOS y D. EMETERIO: desencajado, descompuesto y chorreando 
agua, con la mirada fija y extraviada y sin ver á nadie. 

Emet. Si en este momento me hablara alguien del señor Ca- 
mueso y de sus anuncios: «Á la humanidad dolien- 
te,» yo creo que le hacía añicos, que le despedazaba, 
que me le comía! 

JüLlO . TÍO, perdón! (Acercándose.) 

Emet. Quién? (Saliendo de su distracción.) Ah! eres tú, infame! 
Mira! mira cómo me han puesto por tu culpa! 

Cam. Ea, amigo mió: ya está usted curado por completo. 

Emet. ¿Y tiene usted... valor?... 

Teod. Perdone usted á su sobrino, y concédale permiso pa- 
ra casarse conmigo!... 

Emet. Nunca!... después de haber abusado de mí de este 
modo! Antes que consentir que te cases con la hija de 
este bárbaro, me han de hacer trizas! 

Julio. Yo confesaré todo lo que usted quiera: que está usted 
en su sano juicio: que yo era el loco, y que el ilustre 
doctor Camueso es más camueso que Doctor. 

Cam. ¿Y usted cree que yo le daré mi hija después de negar 
que estaba loco sin duda para no pagarme? 

Julio. Si no estaba loco. 

Emet. Lo estaré para ustedes todo el resto de mis dias* 

Cam. Lo veremos! 

Braulia. No sean ustedes asín, y dejen casar á los señoritos!. .. 

C\m. Á barrer y á callar!... 

Braulia. Qué bruto!... 

Teod. (Has oido, Julio?... no hay esperanza!) 

Julio. (Calla, tonta!... convence á tu padre, y verás qué pron- 
to convenzo yo á mi tio!) 

TEOD. (Coge de la mano á su padre y se lo lleva á la izquierda: Julio 
se lleva á su tio á la derecha: Braulia queda en medio de la es- 



_ M — 

cena.) 

Teod. (Querido papá...) _ 

Julio. (Querido tío; siento mueho decir á usted que si no me 

caso con Teodora...) 
Teod. (Yo siento decirte lo que te voy á decir...) 
Julio. (Publicaré en todas partes, que quería usted que yo 

estuviera loco, para disfrutar de mis rentas!...) 
Emet. (Demonio! quién le habrá podido contar?...) 
Teod. (...Y que si no me dejas casarme'con Julio, me voy á 

volver loca, y á decir á todo el mundo que tú no has 

curado nunca á nadie...) 
Cam. (No: no por Dios, hija mia!...) 
Julio. (Conque usted... dirá!...) 

Emet. Nada... nada, corriente; buen provecho te haga! * 
€\m. Yo también accedo; pero necesito que usted me firme 

un reclamo, en que conste su curación radical!... (Á 

Emeterio.) 

Emet. Con qué objeto?... 

€am. Con el de dar bombo á mi casa!... 

Emet. Pues no se apure usted, que yo se lo daré!... 

Emet. (ai público.) 

Para que nunca seamos 

víctimas de estos errores, 

no hay que fiarse señores 

de bombos, ni de reclamos. 
feCk-. Pero calma tu furor 

y perdonándolo todo, 

salvarás hoy de este modo 

á nosotros y al autor. 



FIN DEL JUGUETE. 



TÍTULOS. 



ACTOS. 



AUTORES. 



Propiedad 

que 
corresponde 



Tambor Mayor. . . . 

faldón de la Levita 

gran Turco 

Mascoto 

lápiz mágico 

i el otro mundo.... 

mono Ton-Kóng... 

)tre dos tios 

mnasio higiénico . . 

ierra al novio 

lomici t roña ti 



gleses y Flamencos 

. solterona 

. venganza de Mendrugo 

, del tren 

mantilla blanca 

i gran noche 

. oración de san Antonio 

vuelta de Mendrugo 

s mañanas del Retiro 

isica del porvenir 

elo y Desdémona 

r una corbata 

obre gloria! 

agarse la pildora 

i lio en el ropero 

líente pesca 

iches de Madrid 2 

capitán Centellas 3 

crus de fuego 3 



J. Romea... M. 

G. Perrin L. 

Perrin y Nieto L. y M. 

Cuartero y Taboada L.yM. 

Palomino de Guzman L . 

M. Nieto M. 

A. Croselles */s L. 

Segovia y Nieto L.¡y M. 

Pablo Hernández M. 

Zumel y Ruiz L. y M. 

Palomino, Cuesta y Man- 
giagalli L. yM. 

Antonio Roig M. 

Manuel Nieto ... M. 

Palomino y Mangiagalli. . L.y M. 

Croselles y Taboada ..... L.yM. 

Navarro Vá^ 

Juan Maestre L. 

L. Arnedo M. 

Juan Maestre y Arnedo. . . L. ylM. 

L. Arnedo . . . . M. 

Nieto M. 

Manuel Nieto M . 

M. Nogueras L. 

Manuel Nieto M. 

Manuel Nieto M. 

Zumel y Croselles L. 

Juan Maestre L. 

Cuesta, Croselles, Palomi- 
no y Mangiagalli. . . L. y */s M. 

Fernandez Caballero .... */% M. 

Pedro Miguel Marqués. . . M. 



; £ Por convenio celebrado con la respetable casa editorial del 
>r. D. Antonio Romero y Andia, soy el encargado de alquilar los 
aateriales, ó sean las partes sueltas de voces y orquesta necesarias 
>ara la ejecución de las zarzuelas C de L, Curriya, Don Pompeyo 
m Carnaval, El último mono, Fuego en guerrillas, Nadie se muere 
¡asta que Dios quiere, Pascual Bailón, Retreta, Los duelos con pan 
on menos, La gallina ciega. El molinero de Subiza, Un estudian!» 
le Salamanca, y todas las demás músicas cuya propiedad de re- 
>roduccion pertenecen al referido Sr. Romero. 



PUNTOS DE VENTA. 



MADRID. 

En las librerías de D. José Gaspar, calle de la Montera 
número 3, de los Sres. Viuda é Hijos de Cuesta, calle de 
Carr&tas, núm. 9; de D. Fernando Fé, Carrera de San Je- 
rónimo, núm. 2; de D, M» Murillo, calle de Alcalá, núme- 
ro 7; de D. Manuel Rosado, Puerta del Sol, núm. 9; de los 
Sres. Córdoba y Compañía, Puerta del Sol, núm. 14; de los 
Sres. Simón y Osler, calle de las infantas, núm. 18; de los 
Sres. Gaspar, editores, calle del Príncipe, núm. 4; Saturnino 
Calleja, Paz, núm. 7; D, Eugenio Sobrino, Santiago núm. 4, 
y de D. Miguel Guijarro, preciados, 5. 

PROVINCIAS Y ULTRAMAR. 

En casa de los Corresponsales de esta Galería. 
PORTUGAL. 

Coimera. D. Antonio Duarte Are osa. 

Lisboa. Juan Manuel VaDe, Praca de Don Pedro I, núm. 30« 

Oporto. Joaquim Duarte de Mattos Júnior. 

FRANCIA, 
Librería de Mr. E. Denné, 15, Rué Monsigny, París. 

ALEMANIA. 
Mr, Wilhelm Friedrich, editeur, Leipzig. 

Pueden también hacerse los pedidos de ejemplares directa- 
mente, al EDITOR, acompañando su importe en sellos de 
tranqueo ó libranzas, sin cuyo requisito no serán servidos. 

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